miércoles, 16 de abril de 2008

SUSHI, KEBAB, CUSCÚS, AREPAS..., ¿QUÉ TE APETECE HOY?


Restaurantes asiáticos, árabes, venezolanos o especializados en comida internacional se encuentran en Zaragoza sin necesidad de caminar demasiado. El placer de degustar lo diferente ya está aquí.
Hoy ya no es extraño que muchos sepan comer con palillos como si de cuchara y tenedor se tratara. Más raro resulta encontrar a alguien que haya podido degustar un exquisito plato de hormigas, pero no por imposible porque en Zaragoza existe un enorme abanico de posibilidades en lo que a degustar recetas de otros rincones del mundo se refiere. Hasta hace unos años, el círculo de amantes del arte culinario variado se limitaba a un reducido número de personas con muchos recursos económicos. Sólo ellos, privilegiados, podían viajar al extranjero y disfrutar así de otra variedad de alimentos o, simplemente, de otras formas de cocinar. Los tiempos han cambiado. Desde América a Asia, pasando por Oceanía, la oferta se ha ampliado de manera que puede elegirse una receta a degustar de cualquier rincón del mundo. El mayor incremento en los últimos años se ha producido en lo que llamamos “kebab”. Son locales en los que se ofrece comida propia del norte de África y se limitan al plato del mismo nombre “kebab” que se sirve en plato o bocadillo y con diferentes salsas. El "kebab" típico consiste en carne (de cordero, sobre todo con la pierna, o de vaca), previamente adobada, que se cocina mientras gira en un asador. La proliferación de estos locales se produce porque en su forma de "bocadillo" es un alimento perfecto ya que resulta muy cómodo para llevar (sobre todo para la gente joven) y es muy sabroso. En casi todos estos locales se halla al mando una persona procedente de los países en que el “kebab” es un alimento básico. Eso ocurre con Alí, si es que se llama así. Aunque amable, no tiene muchas ganas de hablar, está muy ocupado detrás de la barra sudando entre los dos enormes rollos giratorios de carne. Acaba de abrir su restaurante. Es un local grande en el que uno puede sentarse tranquilo a disfrutar de la carne adobada, por lo que espera que tenga éxito. “La gente del barrio se ha sorprendido –comenta un vecino- porque llama mucho la atención ver esos rollos de carne tan grandes girar, pero está bien porque lo tenemos muy cerca”. También ha aumentado el número de restaurantes asiáticos. Los más famosos, que ya se han convertido en cadena, son los Sakura. Al entrar sorprende que todos los comensales utilicen los palillos, nadie necesita tenedor o cuchillo. La decoración es la que tenemos en mente al pensar en el país nipón, lo mismo que el uniforme de los camareros y camareras. La peculiaridad de estos restaurantes es la instalación de un “teppanyaki” que es una gran plancha cromada en la que se elabora todo el menú de cara al público que elige esta modalidad. Un experto cocinero prepara todos los platos que constituyen una carta especialmente diseñada para este concepto. Langostinos, salmón, lubina, verduras variadas, solomillo de ternera o carne de cordero son sólo algunos de los platos que ofrecen, cada uno con su salsa. Al margen de sus planchas gigantes, el Sakura, dispone de un sinfín de menús. El de la casa, el más económico, puede ser hasta de cuatro tipos distintos en función del plato principal, mientras el resto de platos son comunes. El resto de menús son un poco más caros, aunque no en exceso, van de los 18 a los 33 euros. Y como no, la carta, con más de cien alternativas diferentes que pasan por las propuestas japonesas más clásicas como el sushi (tabla de pescado crudo sobre bolitas de arroz), o el sashimi (filetitos de pescado crudo con salsa de soja), hasta las más modernas como la tempura. Éste es el plato preferido de Esther, una clienta habitual. “Ya me conocen los camareros, son muy majos” explica. Esther suele venir entre semana ya que el menú es barato y el servicio muy rápido. “Una recomendación, no pasarse al pedir, los platos son enormes” aconseja. Del continente americano no nos quedamos sólo con las hamburguesas. Mejor bajamos al sur. En la calle Antonio Agustín, junta a la plaza San Miguel, se encuentra “El rincón criollo”. Su filosofía: ¿por qué limitarse a la comida típica de un sólo país? La oferta incluye la comida típica iberoamericana de países como México, Honduras, Cuba, República Dominicana, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Argentina y Brasil. La ambientación es buena, aunque no han derrochado. Las paredes aparecen decoradas con poesías y fotografías de cada país, parecen de añoranza. De fondo, también música típica de la zona. En su carta aparece una breve explicación de los ingredientes y sus propiedades afrodisíacas. “¿Lo que más pedimos? Arepas, es lo más normal y menos fuerte” dice Joaquín que viene con frecuencia. Lo mejor es dejarse asesorar por el camarero que corresponda, tener el mismo idioma no supone que llamemos a las cosas por el mismo nombre. Al salir llama la atención un recorte de periódico junto a la puerta. Es un reportaje de hace cuatro años. Hablaba de “El rincón del criollo” como lugar de reunión para quienes vienen de Sudamérica. Al preguntar, la encargada responde rápido: “hoy, el 95% de los clientes son españoles”. Otro tipo de restaurantes no se limita a un país, ni siquiera a un continente, ni tampoco sólo a comida. El “Atrapamundos”, en la calle Mefisto, combina la cocina internacional variada (cambia la carta a menudo), con la acogida y organización de cócteles especiales. Elena, la camarera, comenta que hacen algo más, lo que llaman cocina itinerante. “Vamos a casa de quien nos lo pida y cocinamos allí los sabores del Atrapamundos” explica. Tampoco se olvidan del servicio a domicilio, sobre todo de comida aliñada con vinagreta y especias. Este restaurante tiene una peculiaridad más que le hace especial. Suma el placer de comer algo diferente con la cultura. “Cada semana organizamos algo, desde una narración de cuentos a lecturas en inglés o en otro idioma” dice Elena. La decoración del local, como su carta, tampoco es fija. Las paredes son de color rosa y en ellas se abren unas vitrinas de cristal que dejan ver cuadros de un pintor aragonés, o fotos de lugares exóticos que ha prestado un amigo-cliente. Eso es lo que cambia, el contenido de las vitrinas no es igual más de dos o tres semanas seguidas. Las lámparas cuelgan del techo hasta cada una de las mesas, todas rectangulares y blancas, menos una, la del fondo, que es redonda, de cristal y que la hace especial. Los platos van de la India, a Rumanía o al África negra. A primera vista destaca el llamado “sueños de Rabat”que combina cuscús con pasas, aceitunas negras y vinagreta de piñones. Con el “Tapamundi” se pueden degustar tapas de los cinco continentes. También sirven costillas al estilo australiano, carne al modo brasileño y un plato especial llamado “experiencias atrevidas” en el que se degustan insectos. Cada uno de estos restaurantes constituye tan sólo un ejemplo de la oferta. Las posibilidades son mayores, para todos los gustos y todos los bolsillos, sólo hay que animarse.

No hay comentarios: